El
reencuentro (2da parte)
Estadio
de la Academia Germano-mapuche
Kahena
participaba en una carrera de pista y campo, llevándoles la delantera a las otras
niñas mapuches. Eran cronometradas por un imponente entrenador de rasgos germánicos.
Cuando terminaron la faena, el hombre la abordo.
La
siguiente conversación es traducida del alemán
— Kahena, has rebajado en tres centésimas
el último récord de velocidad a nivel nacional, ¿estás pensando en clasificar para
los juegos olímpicos?
— Si pudiera lo haría.
— ¿Qué te lo impide?
—Los múltiples deberes, señor entrenador.
En
otra ocasión, Kahena y otras niñas mapuches participaban en una práctica de
natación en la piscina olímpica de la escuela. Todas nadaban en el estilo
mariposa, siendo Kahena la que llevaba la delantera, seguida muy de cerca por Kintukewun.
Cuando la práctica termino, Kahena y Kintukewun se sentaron al lado de la otra
en la misma banca; ambas comenzaron a charlar.
— Kahena, ya van varias veces que
me ganas por poco en deportes de pista y campo y natación. En deportes de
combate, aunque las luchas siguen muy reñidas, últimamente me estás ganando, aunque
sólo por unos pocos puntos, ¿qué es lo que te inspira?, ¿quieres ser una atleta
de élite?
Ella
vacilo un poco antes de responder.
—La verdad, querida amiga, no te
podría responder esa pregunta; también estoy muy concentrada en mis estudios.
—Sí, eso también lo noté; últimamente
estás obteniendo las mejores calificaciones de toda la escuela, muy por delante
de Aicapan y de mí. Cambiando, un poco de tema – ella le pone una mano sobre el
hombro de Kahena -, no te lo había comentado esto desde la desaparición de Ceferino,
pero lo haré ahora; lamento mucho lo que le paso a Mariposa.
—Gracias por tu comprensión.
—Sin embargo, te quedo un consuelo,
tienes un hermoso caballo negro.
Mientras
Kintukewun decía esto, sus ojos parecían salir de sus órbitas, la expresión de
su rostro denotaba euforia y su sonrisa bastante pícara, lo que Kahena noto de
inmediato; esta última le puso una expresión seria y le frunció el entrecejo.
—¿Ah sí?, ¿lo encuentras atractivo?
Y,
como tú esperarías, a Kintukewun no le pareció agradable el tono en que su amiga
le hizo la pregunta ni la expresión en su rostro.
—Kahena, sólo dije que es un
caballo hermoso, no que me lo regalaras.
—Si tanto te gusta te ofrezco algo,
luchemos por él; quien gana se lo queda.
Tras
decir esto, Kintukewun vacila por un momento, pero luego le responde.
—Si fuéramos a competir por una
medalla, no me importaría ganar o perder contigo; es sólo un pedazo de metal y sólo
estaríamos compitiendo por honor. Pero cuando se trata de una emoción particular,
en este caso el amor, la lucha se vuelve aún más encarnizada y todo puede pasar.
Kahena, ambas somos muy buenas luchando y, aunque me ganas la mayoría de las
veces, siempre terminamos adoloridas y algo lastimadas. No, definitivamente no
quiero luchar por tu caballo, sólo era un comentario inocente. Sólo tengo una
preguntita más.
—Está bien, dila.
—¿Puedo montarlo por lo menos un
momentito?
Kahena
vacila por un momento.
—No, ese caballo no es muy dócil;
solamente se deja montar por mí.
Ambas
se quedan mirando fijamente, hasta que Kintukewun desvía la mirada.
—Está bien, querida amiga, es todo
lo que quería saber.
Cierto
día, Kahena entró a su cuarto, vestida aún con su traje aerodinámico, justo cuando
Ceferino/Relámpago metía su cabeza por la abertura de la ventana, que en ese momento
tenía las puertecillas abiertas
—Se nota que estás entrenando muy duro.
—Sí, ya me nombraron capitana del equipo
de pentatlón.
—Sé por qué haces esto, pero una vez
que entras al circuito de competencias, la presión será cada vez mayor; tendrás
que repartir tu tiempo arriesgando tu vida y dejando el nombre del país y de la
nación mapuche en alto, sin contar con tus estudios académicos, ¿quién te crees
tú, una Xmen?
—Ceferino, lo que vamos a hacer juntos
es mucho más importante que ganar medallas, por eso debemos entrenar muy duro
si queremos vencer a estos boludos super desarrollados. Si no es así, ¿qué opciones
hay?
—Tenes razón en ese planteamiento, entonces
entrenemos juntos; tengo unas piruetas en mente que pienso practicar contigo.
—De acuerdo, pero antes de hacer
todo eso, necesito terminar mi lanza y mi uniforme.
De
pronto, Ceferino relincha.
—Te daré toda la asistencia que pueda.
—Gracias.
—Cambiando de tema, tuviste una no
muy grata discusión con Kintukewun sobre mí.
Y
le rostro de Kahena pasa de la serenidad a la rabia, podríamos decir que se
volvió un volcán a punto de hacer erupción. Sin embargo, logra controlar su
tono de voz para contestarle con una pregunta.
—¿Y tú cómo lo supiste?
—No te lo he explicado, pero tengo
un poder que yo llamo visión remota; con el puedo ver, somo si se tratara de
una película, lo que hace la gente en el momento actual y en el pasado, sin
importar donde y qué tan lejos se encuentren. También me sirve para localizar
lugares y movilizarme hacia ellos, como si fuera una especie de dispositivo GPS
mental., en fin, te seguiré explicando luego, ahora me interesa saber algo, ¿de
verdad no sientes celos de Kintukewun por el simple hecho de que yo le parezca
un hermoso caballo?
—¡Ceferino!, ¿cómo puedes pensar
eso?, ¿yo celar a mi propio hermano?, ¡jamás!
—Pero la manera en que discutiste
con ella sugiere otra cosa; Kahena, tú siempre serás mi mejor amiga, pero Kintukewun
es la chica que me gusta.
—Ceferino, tú mismo lo has dicho,
nadie va a creer jamás que tú te convertiste en un caballo y no esperes que
Kintukewun te acepte así. Siendo un animal tan grande jamás podrás entrar en su
vida, tu sudor desprende desagradables olores, defecas más que cualquier humano
a lo largo del día, no puedes entrar en los mismos espacios de interiores que
nosotros sin incomodar a nadie, no puedes hacer relaciones sociales porque, simplemente,
cuando haces tus gestos de animal se te escuchan ruidos extraños ni puedes
compartir los mismos bocadillos porque tu sistema digestivo de caballo sólo te permite
consumir heno y pasto. Incluso, si estás pensando compartir tiempo con ella en
su casa, al aire libre y en campo abierto, sólo lo podrás hacer como un
caballo, un animal; a menos que logremos vencer a Mengele y recuperemos tu
cuerpo, ella jamás podrá abrazarte, besarte, acariciarte y mucho menos estar
entrelazados en algún mueble o campo abierto como lo hacen todas las parejas
humanas porque eres un caballo.
Ambos
hicieron juego de miradas; ninguno parpadeaba.
—Kahena, tú siempre serás mi mejor
amiga.
—Lo sé, por eso quiero lo mejor
para ti.
—Ella me gusta, me molestaría que
coqueteara con otro.
Kahena
desvió la mirada y puso una expresión de resignación. Luego lo volvió a mirar,
como buscando comprenderlo.
—Escucha, Ceferino, ella no es para
ti, yo la conozco; es mi mejor amiga.
—Y yo quiero conocerla, si es tu mejor
amiga entonces debe ser tan buena como tú.
Kahena
cruza sus brazos y mira al suelo, como si estuviera pensando. Luego levanta la cabeza
y responde.
—Y si no logramos vencer a Mengele,
a los del área 51, recuperar tu cuerpo y regresar tu conciencia a él, ¿qué
posibilidades hay de que Kintukewun y tú sean pareja?
Y
el cuerpo de Relámpago/Ceferino quedo paralizado; con sólo mirarlo yo diría que
era una estatua de un caballo negro, corpulento y de más de dos metros y medio,
en tamaño natural, con una evidente expresión de angustia.
—Kahena, ¿por qué crees que no
venceremos?, ¿y qué tendría de malo si le digo mi secreto?
Kahena
se lleva las manos a sus largos cabellos y, a juzgar por su expresión, me
parece que iba a estallar. Sin embargo, logra contenerse y decirle lo siguiente
con la mayor serenidad.
—No, no me parece prudente; todo ha
ocurrido tan rápido en estos días que…
—Kahena, en realidad han sido varios
meses siendo un caballo con poderes; no puedo esperar más.
—Oye, no me vuelvas a interrumpir,
pero ya entendí lo que quisiste decir; ahora déjame continuar donde estaba.
Quise decir que sería un shock emocional para ella saber que Ceferino Tahiel se
ha convertido en un caballo, es más, ni siquiera has intentado cortejarla
nunca, ¿o me equivoco? – dice ella con una evidente sonrisa de delirio -.
Ceferino/Relámpago
le responde cabizbajo, con mucha resignación.
—Es cierto, no.
Y
con expresión triunfal, Kahena le pregunta.
—¿Y entonces cómo vas a cortejarla
siendo tú un caballo, incluso con esos poderes?, hermanito, el mundo de las
relaciones humanas ya de por sí es bastante complicado. Parte del simple hecho
de que no la puedes invitar a ningún lado y no sólo por ser un caballo, tampoco
recibes las mesadas de papá para invitarla a salir o siquiera comprarle un
dulcecito en una tienda, a menos que quieras invitarla a comer pasto y heno,
que es lo único que puedes consumir. Tampoco me la imagino besando tu boca,
digo, hocico, con toda la baba que desprende más tu aliento equino.
—Pero ella dijo que yo soy un
caballo hermoso, ¿podrías permitir al menos que me monte un par de horas?
—Y también vas a decirle que eres
Ceferino Tahiel transformado en un caballo, ¿con qué propósito?, a ella ni
siquiera la has tratado siendo humano, fuiste muy tímido en ese sentido. Si te
vas a acercar a alguien para cortejar, necesitas un pretexto y eso de
cabalgarla a ella por un par de horas no es exactamente uno válido; lo más probable
– si decides revelarle tu secreto – es que te vera como un bello caballo
parlante, nada más.
—Quien sabe, puedo hablarle bonito,
contarle un buen par de chistes, conversar de todo un poco…
Kahena
cruza los brazos y menea la cabeza.
—Te rehúsas a aceptar la idea y
vuelves a redundar en el tema: eres un caballo, hueles a caballo, sudas como un
caballo, haces tus necesidades básicas como un caballo, relinchas como caballo
y, para colmo, la vas a poner en peligro, ¿qué tal si Mengele piensa secuestrarla
o algo por el estilo?, Ceferino, hasta yo misma estoy en peligro desde que sé
tu secreto y estoy junto a ti, de forma tal que algo me podría pasar con todas
las acciones que vamos a realizar.
Ambos
guardaron un silencio sepulcral breve, pero que a ti y a mí nos parecerían
años, tal vez siglos. Ninguno de los dos se miró a los ojos en todo ese lapso,
hasta que Ceferino/Relámpago levanto el hocico y le respondió a la hermana.
—Creo que tienes razón, que ella
sepa mi secreto la convertiría en un blanco. Sin embargo, no pienso decírselo
de una vez, al menos hasta que sea el momento oportuno.
Kahena
todavía tenía la cabeza cabizbaja, parecía que quería entrar en llanto, pero
logra controlarse a duras penas. Ella dice lo siguiente, suspirando levemente
por la nariz.
—Está bien, estoy de acuerdo, se lo
diremos en el momento oportuno, pero este no es.
La
cola de Relámpago/Ceferino se comenzó a mover de manera muy dinámica, como la
de un perro cuando ve regresar a su amo y exclamo lo siguiente con mucho entusiasmo
y la lengua para afuera.
—¿De verdad que crees que en el momento
oportuno?, eso me da esperanzas. Mientras tanto, ¿puedes dejar que ella me monte
al menos de vez en cuando?
—No, Ceferino, - movió el dedo
derecho hacia sus ojos, como si quisiera contener sus lágrimas -, ella no te
monta mejor que yo; tú no eres exactamente muy dócil y lo note mientras estaba
sentada en tus lomos. Es más, yo siempre le gano en las carreras de caballos y
otra cosa, ella tiene muchos más caballos en sus establos que son más grandes
que los nuestros y está acostumbrada a que los caballos que le presenten ya estén
previamente semi domesticados, lo cual no la hace una jinete muy experimentada.
—Y por eso casi te peleas con ella.
A
Kahena casi se le salen los ojos de sus órbitas al escuchar eso, luego le
responde a su hermano lo siguiente con evidentes signos de indignación en su
cuerpo.
—Ceferino, no sé cómo hacerte saber
que ella no es para ti, aunque te volvieras humano de nuevo en este momento,
pero aparentemente estás demasiado animado a conquistarla. Si te sirve de
consuelo te diré esto, es cierto, le pareces un chico muy guapo y listo en tu
forma humana, pero ella apenas te menciona; está muy concentrada en sus
estudios y en su carrera deportiva como para pensar seriamente en un novio, es
más, no tiene pensado conocer a alguien hasta cursar el tercer año de alguna
universidad. Mientras tanto, en ese tiempo podemos ocuparnos en vencer a nuestros
enemigos y recuperar tu cuerpo, esperemos que en el menor tiempo posible para
que por fin puedas acercarte a ella de alguna forma, al menos para ser su amigo.
Ceferino/Relámpago
levanto sus párpados, dejando sus ojos bien abiertos y todo su cuerpo vibraba
de entusiasmo, sin hacerle mucho caso a los sentimientos de su hermana.
—¿Hablas en serio?
—Sí, de todo corazón – dijo resignada
-, pero espero que no utilices tus poderes para manipularla y que piense en ti.
El
caballo tuvo que esforzarse para contenerse tras lo que le dijo su hermana y,
forzosamente, como si le estuviera respondiendo a un maestro de artes
marciales, le dijo lo siguiente en tono bastante serio.
—Claro que no, hermanita, ¿por qué
imaginas que haría eso?
—Bien, entonces así quedamos – dijo
ella con una expresión de resignación y tristeza en su rostro; parecía que
estaba a punto de entrar en llanto, lo que Ceferino/Relámpago noto al instante,
por lo que se acercó, le lamio la cara con su lengua y le susurro.
—Escucha, Kahena, tú siempre serás
mi mejor amiga; eso nunca cambiará, en lo absoluto.
Ella
levanto la cabeza, que estaba cabizbaja, con la expresión en su rostro recuperando
la serenidad, pasando rápidamente de la tristeza a la alegría y en sus ojos
podrías ver la luz de su mirada; aquello que dijo él la reanimo. Miro sus ojos
y él a los suyos – ella tenía que mirar forzosamente hacia arriba, ya que la
cabeza del caballo estaba casi un metro por arriba de la suya -, de manera fija
y muy profunda. Ella se acercó, quedando su nariz a sólo unos centímetros de su
hocico, sin que le importara su aliento equino, agarro fuertemente su mandíbula
con su mano derecha y también le susurro.
—Y tú también lo eres para mí,
Ceferino, mi hermoso hermanito.
Cierto
día, cuando Ceferino regresaba levitando a casa, tenía sujeto a su boca uno de los
uniformes de una sola pieza de un thuleniano, trotando con él hasta el árbol donde
Kahena estaba recostada mientras estudiaba un libro de geografía.
—Aquí tenes material para hacer el traje.
—¡Que grande Ceferino, se nota que esta
gente es inmensa!, ¿vos cómo lo conseguiste?
—Del cuerpo de un thuleniano
—¡Ceferino! Pensé que habíamos hablado
de este tema.
—No lo maté, lo dejé inconsciente con
una pequeña descarga eléctrica; dormirá por varios días con unas cuantas pesadillas.
—Decís la verdad, te creo.
—¿Me decís cuantas yardas quieres de
este traje?
—Te lo digo luego, déjame eso en mi
cuarto y ve al establo.
—Está bien, preciosa.
—Nos vemos luego, mi caballo
hermoso.
Él
se sonroja, da la vuelta y se retira, moviendo la cola más de lo usual, como si
estuviera barriendo el piso. Cuando Ceferino se iba cabalgando, Kahena pensó en
voz alta.
—Ceferino, tú siempre tan tierno.
Frienship, Nueva Thule
El presidente Sigfried Mengele pasaba revista a
los nuevos reclutas de su fuerza aérea, en la parte exterior del principal aeródromo
militar del país. Todos ellos eran recién egresados de la academia de Titán, la
luna más importante del planeta Saturno.
— Wilkomen , hombres y mujeres de
Nueva Thule; han pasado todas las pruebas de rigor para formar parte de la principal
fuerza de combate del país: nuestra fuerza aérea.
Excitados,
los jóvenes gritaron a coro
—¡Salve Mengele! ¡Salve Nueva Thule!
Dándose
importancia, el hombre prosiguió con su florido discurso.
—Sé que muchos de ustedes habrán escuchado,
por boca de sus padres y abuelos, las historias del origen de ella, desde el final
de la segunda guerra mundial, cuando ellos escaparon de sus países ocupados por
los aliados para radicarse aquí. En aquellos primeros y duros años, además de sobrevivir
al inclemente clima del archipiélago austral chileno, nuestros mejores ingenieros,
apoyados económicamente por los más prominentes hombres de negocios de los países
del eje y liderados por mi padre, Joseph Mengele, quienes también eran supervivientes
de la derrota, se pusieron a la tarea de resucitar el más ambicioso programa
tecnológico alemán: su industria aeroespacial. Aunado a eso, los japoneses brindaron
sus avanzados conocimientos aeronavales para dar origen a nuestra flota, que paso
de ser una pequeña flotilla de grandes naves en forma de cigarro, las cuales usamos
para dar origen a la gran paranoia sobre una guerra nuclear al utilizar de testigos
a unos engañados ciudadanos estadounidenses que nos creyeron mensajeros extraterrestres
de malas noticias, hasta evolucionar en tan sólo cincuenta años como la única armada
del sistema solar.
Ellos
rompieron en aplausos, pero Mengele alzo la mano para interrumpir con singular
elegancia y sublime reverencia.
—Tenemos la fuerza terrestre y marítima
más poderosa del sistema solar, pero es nuestra armada la que nos permite controlar
todo aquel inmenso espacio. En poco más de cincuenta años, tras el fin del gran
conflicto, ningún enemigo nos ha…
Si
fueras Mengele, seguramente no te hubiera gustado ser abordado de esta forma por
el holograma de Aku Sakata, comandante de la fuerza aérea.
—Disculpe que lo interrumpa, su excelencia
Con
serenidad, Mengele contestó
—Dime Aku, soy todo oídos
—Localizamos al piloto de pruebas
perdido
—Muy bien ¿Dónde estaba?
—Escondido e inconsciente en un arbusto
de un bosque al norte, en la Patagonia Argentina. Estaba desnudo.
—¿Con que desnudo? ¿No te dijo cómo
le ocurrió todo?
Los
nuevos pilotos, hombres y mujeres, tanto de rasgos germánicos, latinos y mongoloides,
observaban de manera disimulada la conversación mientras su presidente estaba
de espaldas; sólo sus miradas apuntaban a esa dirección mientras los cuerpos seguían
estáticos, cual piezas de soldados de juguete vestidos con traje de una pieza. Justo
menos de un segundo antes de que Mengele girara su cabeza hacia atrás para mirar
al grupo, ellos volvieron a acomodar la mirada hacia el horizonte.
—Lo único que recuerda es que sobrevolaba
espacio aéreo ruso hasta que, de pronto, los controles de su nave empezaron a funcionar
de forma extraña. Luego sintió que algo parecido a una corriente eléctrica le
causó dolor, quedando a partir de ese momento en la inconsciencia.
—Creo saber de quién se trata, gracias
Aku, ahora asegúrate que nuestro hombre se recupere de forma satisfactoria. A propósito,
luego me reuniré contigo para aclarar ciertos puntos.
El
holograma hace la vieja señal fascista.
—¡Sí señor, salve Mengele, salve Nueva
Thule!
La
figura desapareció de la vista de Mengele.
Sabía que mi bestia favorita atacaría
de nuevo; su sed de venganza sigue siendo insaciable. Disfruta mientras puedas porque,
muy pronto, tus días de cabalgata habrán terminado; tendrás el honor de ser mi
conejillo de indias. Cómo me gustaría entender el origen de tus poderes. Ah, en
cuanto a ti, Aku ,grandísimo inepto, te hiciste merecedor de ser mi próximo voluntario
para realizar mis experimentos científicos; te cambiaré tu corazón por el de
una cebra a ver cómo sigue funcionando tu cuerpo después de eso. Menos mal que
al fin regreso tu reemplazo del espacio exterior.
Volvió
rápidamente la vista al batallón de jóvenes pilotos en frente de él. Con marcado
acento alemán, dijo en tono severo y cortante, como si algo sospechara.
—Y ustedes ¿Tienen alguna pregunta?
En
el hostal de la tribu Tahiel, Ceferino y Kahena trabajaban en sus respectivos proyectos,
Ceferino utilizando tijeras de rescatista y otros instrumentos geométricos - aunque
no tenía manos, los hacía levitar en el aire; a la vez que usaba su electromagnetismo
para manipularlos -, en su establo, tratando de darle forma al traje de Kahena.
En tanto, la niña, en sus ratos libres, veía algunas escenas de Mike y Angelo,
una de sus series de televisión favoritas; le llamaba la atención las escenas en
que el extraterrestre, Mike, caminaba en el techo.
—Me pregunto si pudiera reproducir
esto a escala real.
Poco
después, Kahena comenzó a trabajar en el diseño de sus botas y guantes, dibujándolos
en desde su pequeña notebook. Súbitamente, fue interrumpida por una llamada desde
su móvil.
—¿De quién es este número privado?
—Soy cho, hermanita.
—¡Ceferino! No sabía que tú podías
hacer eso también.
Ceferino
hablaba desde el establo en que estaba resguardado.
—Es que, aunque ahora tengo cuatro
patas, puedo utilizar mis poderes electromagnéticos para conectarme a la red de
comunicación que yo quiera. Así es como pude conectar mis ondas cerebrales a tu
celular.
—Me parece que nunca te vas a acostumbrar
a ser un cabacho, pese a todas esas ventajas.
—No me recuerdes eso, no es gracioso;
lo que yo quería preguntarte era como te va con la cosa que estás haciendo.
—Para ser sincera, me cuesta equilibrar
mi proceso de diseño con mis estudios.
—No tienes que hacer tanta cosa; basta
con el traje y algo de protección.
—Sé lo que hago, te lo mostraré cuando
termine, aunque necesito un favor ¿Puedes conseguirme unos cuantos materiales?
Es que lo que pienso hacer no es nada barato, no creo que papá me vaya a ayudar
con eso.
—Está bien, pero espera ¿No ha
pasado algo de tiempo desde que decidimos ir a buscar a los mapuches desaparecidos,
esos que me fueron a buscar?
Kahena
se lleva las manos a su cara, en señal de vergüenza.
—¡¡Oh sí, casi un mes! Entonces debemos
darnos prisa, ¿tampoco has tenido suerte con tu visión remota?
—He intentado, lo que me ha llevado
a diversas áreas de Nueva Thule y otras bases. Llegue a causar estragos y rescaté
a otras personas, aunque me extraña que no haya encontrado a los nuestros.
—¿Vos no crees que podría ser algo o
alguien que te lo impide?
—Trataré de averiguarlo, ¿qué materiales
necesitas?
—Pareciera que bastante equipo aeroespacial
y unas otras cuantas piezas de electrónica o software.
—Haré lo que pueda.
Entonces,
Relámpago abrió la puerta de su caballeriza moviendo los goznes con su electromagnetismo,
para después irse a la velocidad de la luz.
En
ese lapso, Kahena sacó su lanza de aluminio recién terminada, con la que comenzó
a realizar katas marciales, similares a las que se realizan cuando un arte marcialista
practica con su bo - el clásico palo de bambú,
arma de defensa y ataque del lejano oriente -. Fue interrumpida al poco rato por
Ceferino, quien asoma su cabeza por la ventana francesa de su habitación.
—Eso fue bastante rápido.
—Te traje algunas cosas con qué trabajar,
obsérvalas.
Levitando
hacia ella, llegaron montones de circuitos integrados, chips, transistores, piezas
de electrónica y hasta un traje de astronauta
—Creo que nunca me vas a dejar de
sorprender, ¿de dónde sacaste todo eso?
—De la chatarrería de la Nasa y del
Pentágono.
—Pienso que esa pregunta estaba de más.
Bien, manos a la obra, tenemos gente que salvar y enemigos a los que derrotar.
Un
poco más allá, en la sala de espera del hostal, Pelantaro y su señora Sayen hablaban
en mapudungun.
—¿Qué piensas tanto Pelantaro?
—Estoy notando a Kahena algo extraña.
—Yo la noto normal, como la misma niña
estudiosa y dinámica de siempre.
—Ese es el problema: ella es muy buena
aparentando que todo está normal, pero yo sé que nos está ocultando algo y tal vez
tenga que ver con ese caballo que trajo.
—¡Pelantaro, por Jesucristo! No me
digas que has estado espiando a tu pequeña.
—No exactamente, la he estado observando,
notando que, por momentos, está concentrada en algo más que estudiar, trabajar
en el rancho y ser buena niña. Tan pronto descubra qué está sucediendo, la
abordaré.
—¿No crees que está obrando de ese modo
porque todavía echa de menos a su hermano y por eso trata de aparentar que todo
es normal?
—Tal vez, sólo espero que tengas
razón, querida. A propósito, no vuelvas a meter a tu dios en este tipo de asuntos.
—Yo sólo espero que él algún día
toque tu pagano corazón.
Sonó
el timbre de la entrada, lo que hizo que rápidamente Pelantaro se levantara del
sillón que estaba al frente del de su esposa, procediendo a abrir las dos grandes
puertas de la entrada. Quedaron frente a él una familia, compuesta de un hombre,
una mujer - aún en edad fértil -, dos niños varones de una edad similar y una niña
más pequeña que ya caminaba; ellos tenían aspecto anglosajón.
El
hombre comenzó a hablar en inglés.
—¿Éste es el hostal Tahiel?
Le
contestó Pelantaro en un inglés sin ningún acento.
—Por supuesto, está usted bienvenido,
venga conmigo.
Casi
al mismo tiempo, Ceferino/Relámpago seguía a Kahena hasta llegar a una especie
de depósito. Tras llegar a la entrada, Kahena procedió a abrir con su llave la
cerradura y luego abrió los grandes portones. Antes de entrar, ella pronunció
las siguientes palabras.
—¡¡Préndete Plaza Sésamo!!
De
inmediato, los cilindros fluorescentes, que estaban adheridos a los marcos del techo,
se encendieron, iluminando todo con su luz blanca. El lugar estaba repleto de todo
tipo de equipos, desde instrumentos quirúrgicos hasta robots sin terminar. En
el centro, había una gran mesa, con herramientas y todo tipo de piezas electrónicas.
—¿Vos recordas este lugar? – le pregunta
Kahena.
—Sí, éste es el gallinero abandonado
que nos regaló papá para que pudiéramos hacer nuestros inventos locos. Lo estaba
comenzando a extrañar.
—Te voy a mostrar lo que hice hasta
ahora.
—Me muero por verlo.
Ella
se fue detrás de unas pantallas cuberturas, que estaban a un extremo del depósito.
Al salir de allí, estaba vestida con un traje gris oscuro de una sola pieza, junto
con sus botas y guantes hechos con un material que recordaba el aluminio. Colgando
atrás de su cuello, había algo que tenía el aspecto de una capucha. Luego
comenzó a caminar como si estuviera en una pasarela de moda y segundos después
realizo unos pasos de baile al mejor estilo del belly dancing, todo esto mientras
Ceferino/Relámpago la miraba con mucha atención.
—¿Qué tal?
El
equino la miró de pies a cabeza; parecía que sus ojos se le iban a escapar de sus
órbitas.
—Tu look es un intermedio entre Angelina
Jolie al principio de Tomb Raider 2 y Batichica, pero te vez hermosa.
—Qué batichica de qué: Cóndor, Cóndor
de luz
En
el rostro del caballo se dibujó una expresión de vacilación.
—¿Cóndor de qué?
—De luz, Ceferino: ese será mi alter
ego de super heroína
—Pero sí…
—Cho sé Ceferino; no quieres que nadie
sepa de nuestra existencia, por eso adopte ese apodo. Tú puedes hacerte invisible
y no sé qué más, pero cho, en cambio, sigo siendo humana. En caso tal de que me
descubran no querrás que diga por allí que soy Kahena Guacolda Tahiel, ¿o sí? Bueno,
si no lo hacen echos, alguno de esos díscolos periodistas me inventara un nombre
ridículo que seguro no me gustara.
Relámpago
se puso a dar unos suaves, pero no tan bonitos relinchos que fueron secundados por
el ruido de sus patas, con las que rozaba el suelo de forma frenética, como si
estuviera incomodándose por algo. Finalmente asintió; por mucho que le desagradara
hacer publicidad con lo que iba a hacer, él sabía que su hermana tenía de algún
modo razón.
—Está bien Cóndor de… - a Relámpago
le estaba costando completar la frase – Luz, así te chamare de ahora en adelante
mientras tengas el disfraz; ahora podrás complacer tu ego. Ojalá eso de que nos
puedan descubrir nunca ocurra.
—Que bueno que lo aceptas, ahora mira
esto otro.
Se
puso la capucha, cuya elasticidad hacía que se lo pudiera acomodar a su cara. Quedó
sólo visible el perfil de la nariz, respirando por una abertura y sus ojos, que
se podían observar a través de unos agujeros geométricamente
bien cortados y espaciados.
—¿Un traje
ninja?
—No solamente
eso, 1¡amun! -en idioma mapuche amun significa andar-.
En los extremos de la suela de sus
botas, se encendieron unas luces blancas, al igual que en las muñecas de los guantes.
A continuación, cual atleta olímpica, Kahena empezó a dar volteretas, avanzando
así hasta llegar a la pared, en donde todavía realizaba la acrobacia desafiando
la gravedad, hasta llegar al techo. De allí a la pared del otro extremo, hasta
completar la primera ronda.
—¿Recuerdas
aquel proyecto de ciencias en que trabajamos de sostenerse al vacío?
—Por
supuesto, pero sólo se trataba de mantener por una hora un gancho con base, usando
el principio de la rueda neumática, lo que lo sostenía contra una pared mientras
un peso de noventa kilos le colgaba. Esto lo supera, ¿de verdad te esmeraste tanto?
—Usando
las mismas ecuaciones, llegué a la conclusión de que, con tecnología aeroespacial,
esa que me trajiste, podría incrementar su efecto, siendo el resultado lo que estás
viendo ahora.
Pero justo cuando realizaba piruetas
en el techo, la luz de sus botas estaba parpadeando, hasta que, en un momento dado,
se apagó completamente.
- Oh no....
La niña hubiera tenido una caída
estrepitosa, si no fuera porque su hermano lograse formar una esfera electromagnética,
que le envolvió todo su cuerpo. La descendió lentamente en el suelo.
—Creo que
necesito unas resistencias.
—¿De qué
tipo?
—Uno lo
suficientemente resistente como para regular el voltaje y ligero para poderme mover
con mis botas.
—Ya sé
donde conseguirlos, espe...
Kahena lo detuvo antes de que se pudiera
mover.
—Antes
de que vuelvas a hacer tu truco de magia, te voy a mostrar algo, para que veas
que he avanzado en algo más ¿Podes traerme aquella llave inglesa?
Y Relámpago utilizó su magnetismo, para
hacer levitar en el aire una pesada llave inglesa que estaba acomodada en uno
de los extremos del gran depósito. La acerco hacia su hermana, quedando la herramienta
flotando en el aire frente a ella. La niña la tomó con sus manos cubiertas con sus
guantes de aspecto metálico, como si no pesara nada y ,acto seguido, la dobló y
luego la volvio a poner firme como estaba.
—Como
vez, con estos guantes puedo multiplicar mis fuerzas por varias decenas de joules,
lo que voy a usar para golpear a esos fenómenos de los que me hablas.
—Y vencer
a cien Kintukewunes.
A Kahena le pareció muy poco graciosa
la broma de Ceferino.
—¡¡Juh!!,
yo me basto sola, además ella y yo somos muy buenas amigas, aunque es unos cuantos
años mayor que cho.
—Bueno
dejémonos de bromas, iré a buscar lo que necesitas.
En medio de una centelleante luz blanca
similar al flash de una cámara, el caballo desapareció de la vista de Kahena. Ella
continuaba mirando al vació espacio con una mirada embelesada, como si él todavía
estuviera allí.
—Puede
que a veces me parezcas pesado, pero igual te sigo amando, mi bello hermanito.
Ceferino se dirigió hasta donde estaba
aterrizando uno de los platillos voladores de los thulenianos. Ellos estaban a unos
cuantos metros enfrente de una familia de mapuches, conformada de una pareja heterosexual
y sus dos hijos, ambos de sexos diferentes, siendo la niña la que tenía un aspecto
algo mayor. La nave tenía una forma de semi esfera, con una estructura que recordaba
una pequeña torre en la parte superior, con cúpula incluida; su parte inferior era
plana, de forma circular; con cuatro semicírculos metálicos adheridos a ella, a
los extremos de sus cuatro radios. Descendió de forma vertical del cielo para
quedar levitando a unos metros del suelo.
Aparecieron teletransportados frente
a la familia de mapuches, un hombre y una mujer de elevada estatura, vestidos de
azul en sus trajes de una sola pieza con el cual caminaban. Luego la mujer les comienza
a hablar en dialecto mapuche.
—Venimos
en son de paz, tal como les habíamos prometido.
No pudieron seguir hablando porque en
ese momento, una estela de luz con forma de relámpago pasó cerca de ellos, causando
que cayeran derribados al suelo.
Después, aquel rayo fue hacia la torrecilla
de la nave, causando tal impacto con la embestida que genero descargas electromagnéticas
que terminaron por hacer explotar a la nave por dentro. Se escucho un ruido ensordecedor,
además de verse emanaciones de un humo entre negro o gris emanar diversos
espacios de la nave.
La familia mapuche quedó petrificada
ante lo que vieron, después Ceferino les mencionó lo siguiente, en su idioma.
—No teman
de mí, soy el relámpago enviado del cielo por Nguenchen para castigar a estos
falsos dioses que los quieren engañar. Ahora vayan tranquilos a su hogar; yo los
protegeré.
Dentro de la fragata destruida, el mayor
Donato Massini se recuperaba de su estado de inconsciencia de cuatro segundos; un
ser humano normal ya habría muerto. Se movía entre metales retorcidos y cables sueltos,
destruyéndolos con cierta facilidad; era la primera vez que vivía una situación
como esta. Algún enemigo desconocido o un fenómeno natural que aún no entendía había
causado tal impacto dentro de la nave, que provoco un cortocircuito en cadena
que destruyo no solamente a los componentes electrónicos, sino que también
magullo buena parte del fuselaje.
Donato movió la compuerta de la nave,
la que usualmente se deslizaba a uno de sus extremos para dejar entrar y salir personas
o carga. Tuvo que dejarse caer al suelo de forma brusca; no pudo usar los escalones
flotantes que aparecían de la nada, dado que la computadora central quedo tan averiada
que no podía hacer funcionar su sistema operativo para administrar las funciones
de la fragata.
Pudo escuchar a unos metros de distancia
a una voz potente como el trueno decir lo siguiente:
—No teman
de mí, soy el relámpago enviado del cielo por Ngenchen para castigar a estos falsos
dioses que los quieren engañar; ahora vayan tranquilos a su hogar, yo los protegeré.
—Es él
Aún aturdido, pudo calcular más o menos
a qué distancia y en qué posición se encontraba al que estaba escuchando; era momento
de actuar. Por suerte para él, tenía colgando a su espalda por medio de una tira
de cuero fino pero fuerte, a su rifle bolter desintegrador, modelo Hagen dos mil
diecisiete; algo viejo pero todavía podía hacer el trabajo. Como si no pesara nada,
levanto su inmenso cuerpo del suelo con un leve salto, tomo el arma con sus manos
y se puso en posición de disparar.
—Ahora
verás lo que soy capaz de hacer, cuadrúpedo
Justo en ese momento, Ceferino tuvo una
visión remota de un thuleniano que estaba a escasos milisegundos de dispararle.
Al mismo tiempo que se protegía con su campo electromagnético, pensaba desde sus
adentros.
Si
genero un relámpago de la nada para liquidar a este tipo, chegaría en sólo veinte
segundos hacia esa familia – se necesita estar a treinta segundos o más de distancia
de un relámpago para no sentir sus efectos -. También generaría un trueno tan
potente, que su ruido podría destruirles los tímpanos y quién sabe qué más. Tendré
que tomarte un pequeño riesgo, aunque eso pueda significar chegar a ser descubierto
por ellos.
Los mapuches contemplaron cómo unas
descargas electromagnéticas salidas de la nada dejaban inconsciente a aquel
thuleniano. Sin embargo, logro disparar su rifle bolter hacia donde estaba Ceferino,
quien sintió la potencia de aquel rayo. El impacto fue tal, que logro golpear duramente
su propio campo de fuerza y derribarlo en el suelo formando zurcos. Su invisibilidad
también había desaparecido, dejando al descubierto a un hermoso caballo de gran
tamaño color azabache, con crin y cascos blancos cuyo cuerpo estaba incrustado
en un boquete en el suelo. La familia de mapuches se quedó mirándolo.
A los pocos segundos, comenzó a
emanar de su cuerpo una brillante luz blanca intermitente, que luego quedo estática,
dándole aspecto de caballo de luz. Si estuvieras allí, hubieras quedado tan atónito
como esos mapuches de ver a aquel equino elevándose del suelo con gracia, hasta
quedar flotando a unos centímetros de él mientras emitía su intenso brillo, cual
dios equino que había resucitado de entre los muertos. Aparentando no darles
importancia a sus expresiones, Relámpago les dijo.
—¡No pierdan
el tiempo, partan ya!
El caballo se volvió invisible
nuevamente, pero en el pensamiento simple de ellos, éste había desaparecido hacia
la nada. Aún asombrados, sacaron fuerzas para salir caminando de allí, camino a
su aldea.
Ahora
a enviar la basura a su lugar, para después ayudar a Kahena.
Y el equino hizo una abertura en la
superficie de la nave, logrando sacar muchos componentes electrónicos que luego
guardó en una de sus alforjas.
Seguidamente, el caballo usó sus
poderes electromagnéticos para llevarse los cuerpos y a la nave.
Aquella misma familia regresó a su pueblo,
donde varios cientos de mapuches los esperaban, desde afuera de sus respectivas
runcas - casas mapuches-.
Uno de los más jóvenes les pregunto
en mapudungun
—¿Lonco
– en mapuche es equivalente a jefe de tribu- , por qué no vinieron los emisarios
extraterrestres como prometieron?
—Porque
son impostores, me lo acaba de decir el emisario de Ngenchen
—¿Un emisario?
¿Quién? – preguntó otro
—Un 2lufke, enviado del cielo por Ngenchen, que tomó forma
de 3kawellu,
para protegernos de esos falsos dioses, que dicen que nos quieren ayudar.
La multitud se puso a discutir el
asunto.
¿Está
seguro de lo que dice, respetado toqui?
La joven esposa del ulmen lo apoyó.
—Sí, nosotros
lo vimos también, un hermoso caballo color 4kurü, con crin y cascos blancos, que brillaba con
luz propia, como el relámpago.
Su pequeña niña añadió
—Era
muy bonito
—Hablaba
como un verdadero emisario de Ngenchen – dijo el muchacho
Como si los hubiera escuchado, un relámpago
rasgó el cielo y con su estruendoso trueno sacudió la tierra. Varios gritaron a
coro.
—¡¡¡Lufke
kawellu!!! - Relámpago el caballo.
Continuará
Notas
1.1.1.
Amun:
En idioma mapuche significa andar
1.1.2.
Lufke:
Relámpago
1.1.3.
Kawellu:
Caballo
1.1.4. Kurü: Negro