viernes, 14 de julio de 2017

Relámpago el caballo y Cóndor de Luz: Marichiwew








Traducido del mandungun, idioma de los mapuche



De la página sesenta del diario de Relámpago el caballo



            Me la he pasado todo este tiempo escribiendo sobre mis aventuras, desventuras, hazañas y, sobre todo, mis luchas contra Sigfried Mengele y sus fuerzas de Nueva Thule. Cada vez que les hacemos frente a estas últimas, realizamos un ataque tipo guerrilla, provocando el mayor daño posible y luego, tras dañar sus sensores y sistemas de detección, mi hermana y yo nos retirábamos a velocidad de la luz, antes de que alguna de las poderosas flotas thulenianas hiciera su aparición. 



            Sin embargo, de todas las escaramuzas contra las fuerzas de Nueva Thule, creo que esta es una de las más emocionantes: fue la primera vez que mi hermana y yo tuvimos que hacerle frente, de manera frontal, a una flota thuleniana.



            Debo recalcar que los diálogos de los antagonistas pude recabarlos porque interferí en sus redes de telecomunicaciones. Ahora es momento de evocar aquel momento.




            Todo comenzó cuando un grupo de thulenianos se hacían pasar por dioses ante unos campesinos bolivianos, obrando una serie de milagros médicos, entre ellos regenerar del muñón de una joven un brazo completamente nuevo. Todo hubiese seguido como de costumbre, de no ser porque el capitán a cargo ordenara dispararles a todo el grupo con un rayo paralizante.




-Traigan el rayo tractor y llévenlos a la nave, el doctor Mengele necesita con urgencia especímenes nuevos para sus próximos experimentos –.



            En ese momento aparecimos yo y Kahena montada sobre mis lomos al escenario de la acción. Les disparé descargas electromagnéticas a los cuerpos de los thulenianos para dejarlos inconscientes, pero no tuve tanta suerte esta vez. El capitán me dijo lo siguiente de manera burlona.


- ¡Ja! Pero si es el fenómeno que siempre nos ataca. Déjame decirte que nuestros uniformes fueron rediseñados con un material aislante, capaz de resistir descargas electromagnéticas ¡Soldados, disparen!



            En aquel momento note que Kahena se había desmontado de mis lomos; seguramente estaba pensando en realizar una acción sorpresa.



-No importa, eso sólo hace que todo sea más divertido ¡¡Marichiwew!!



            Use mi velocidad para embestirles sus cuerpos, que salían disparados por los aires tras ser golpeados – Suerte que eran thulenianos, l@s human@s normales no los resistirían –. 


            Kahena, por su parte, les lanzo a otro grupo de thulenian@s sus boleadoras a las piernas; tod@s ell@s saltaron al unísono para no enredarse sus piernas con la cuerda de titanio que unía los dos extremos del arma. Sin embargo, mientras aun estaban en el aire, Kahena salto hacia el grupo y dio rápidos puños y patadas a ell@s,  aprovechando la fuerzas extras que le brindaba su traje especial; cayeron inconscientes al suelo. 



            Justo cuando pensábamos que los derrotamos a todos/as, de la rampa que descendía de la nave bajaron más tropas, disparando sus rayos desintegradores; parece que no han aprendido que sus armas de mano son incapaces de atravesar mis campos de fuerza electromagnéticos.



- ¡Vamos hermanita, móntate en mis lomos y enseñémosles a estos idiotas cómo se hace una carga de caballería mapuche! ¡¡Marichiwew!!



-¡Claro que sí Ceferino! ¡Marichiwew!


            Forme mi campo de fuerza para no afectar a Kahena con mi electromagnetismo, me cargue de energía electromagnética y me moví en forma de cometa, con cola y un resplandor celeste incluidos, hacia la cerrada formación militar; todos esos soldados y soldadas salieron volados por los aires como pines de boliche.


-Kahena, ahora sí acabamos con todos ¡Kahena! ¿¡Dónde estás?!


Giré instintivamente mi cabeza a la derecha y vi a Kahena peleando contra un soldado thuleniano de más de dos metros, el único que todavía estaba consciente. Apenas el grandulón daba un golpe o una patada, Kahena aprovechaba el espacio que dejaba su guardia abierta para dar una andanada de golpes y patadas sin parar, amparada en sus guantes y botas que multiplicaban sus fuerzas; sin embargo, el grandote rápidamente volvía a cerrar su guardia para bloquearlos, protegiéndose de los impactos. Y pese a que mi hermana daba golpes y patadas a muy buena velocidad y sin cesar, llegaba un momento en que parecía agotarse del esfuerzo, lo que aprovechaba el grandote, que también era muy rápido para su tamaño, para tratar de darle un golpe o patada marcial, que Kahena esquivaba con gran maestría, con buenos reflejos o dando saltos acrobáticos y mortales; luego se reincorporaba para ponerse en guardia, esperando que su rival lanzara otro golpe o patada para tratar de golpear su guardia momentáneamente desprotegida, pero él volvía a bloquearse para impedir que ella le pudiera impactar y así seguía el ritmo de la pelea. Sin duda alguna Kahena esta vez se encontró con un tipo que no sólo era grandote, sino que era tan bueno o mejor que ella.


Incluso, el tipo trato de apresarla en varias ocasiones para aplicarle algún tipo de llave de lucha pero Kahena, consciente de la diferencia de peso, lograba evadir sus movimientos justo a tiempo.


Traducido del alemán


-¿Eso es todo lo que tienes pequeña mapuche? Sólo me haces cosquillas.


-¿Ah sí? Espera que logre pegarte grandullón.


No pensaba interrumpirle la diversión a mi hermana, pero algo que ocurrió en un pequeño lapso del combate me puso en alerta: el grandote le lanza un mortífero jab de izquierda con muy malas intenciones y que Kahena estuvo a punto de no esquivar dado el largo alcance del brazo del otro; lo logró por sólo centímetros y dando un salto acrobático extraordinario. Cayo parada en el suelo, desde donde se apoyó en sus brazos haciendo piruetas, para lanzarse nuevamente en el aire; se acercó rápidamente al tipo dando patadas de hélice en el aire buscando golpearle la cara. Antes de que pudiera impactarle con su suela en la cabeza, el grandote logra, justo a tiempo, agarrarle fuertemente la pierna por el talón, pero Kahena aprovecha ese lapso de tiempo para darle otra patada giratoria, con su otra pierna, en la cara. Aun así, no logró zafarse y allí fue cuando intervine; le disparé una gran descarga electromagnética al grandulón, dejándolo inconsciente. Pese a que logré salvarla, aquella acción no fue del agrado de ella.



Traducido del mandungun, idioma de los mapuches



-Yo no te pedí que te metieras en mi pelea.



-¿Y dejar que esa bestia te hiciera pedazos? Eso nunca hubiera tranquilizado mi consciencia.



-¿Él hacerme pedazos a mí? Bah, sólo me estaba divirtiendo.


-¿En serio te estabas divirtiendo cuando esa mole te agarro por el talón? Kahena, aun con tus botas modificadas que multiplican tus fuerzas y te dan una resistencia extra, él es un thuleniano y su fuerza es sobrehumana; dudo que hubieras resistido mucho tiempo en esa situación.



            Mientras seguían discutiendo, los cuerpos inconscientes de los thulenianos empezaron a brillar, como si tuvieran luz propia, para luego separarse en forma de lucecitas más pequeñas hasta desvanecerse por completo en el espacio abierto.



-Kahena, creo que estamos en problemas, estos thulenianos ya fueron localizados y teletransportados a un lugar seguro; no me cabe la menor duda que también nos localizaron y seguramente una flota thuleniana viene para acá. No tendremos más remedio que hacerles frente, porque si escapamos a la velocidad luz en este momento, sus sensores calcularan nuestra trayectoria y de ese modo nos perseguirán hacia donde sea que nos escondamos.



-¿Y tú no bloqueaste la señal cuántica de auxilio? 



-Sí lo hice, interferí la inteligencia artificial de la nave destructor thuleniana hasta anular por completo su funcionamieno; incluso hice lo mismo con su caja negra. Pero no puedes negar que hay fuerzas de Nueva Thule por todas partes, así que es altamente probable que mientras estabas entretenida en tu peleíta con ese grandote, alguna o varias naves o sondas de reconocimiento nos detectaron en plena acción; nosotros nunca hemos tardado tanto en dar una emboscada como hoy. Por cierto, acabo de recordar que también suelo bloquear todas sus señales de telecomunicación de sus diversos dispositivos mientras realizamos nuestros ataques furtivos; hoy fallé incluso en esto.



-¿Y por qué no interrumpiste mi pelea antes?



-Pensé que ibas a vencerlo de manera rápida, tú nunca pierdes y no demoras tanto en ganar.



-No lo quieres admitir, pero bien que te gusto ver la pelea; debió estar muy buena para que te entretuvieras de esa forma y abandonaras tu acostumbrado pragmatismo. No importa que te sigas jactando de ser un mapuche intelectual, la sangre guerrera de nuestro pueblo corre por tus venas y es algo que nunca podrás obviar.




-Bueno, tal vez, es posible, pero ya no hay tiempo para discutir eso; entra a la nave, yo transportare electromagnéticamente a toda esa muchedumbre de bolivianos adentro contigo. Aunque su inteligencia artificial ya no sirve, no se me ocurrió anular los controles manuales, de modo que podrás pilotarla por tu cuenta. Vete con ellos lo más lejos posible hasta estar a salvo, esos thulenianos arrasaran con todo en represalia por lo que ha pasado. Cuando haya acabado con ellos, te buscaré donde quiera que estés y regresaremos a toda esta gente sana y salva a su casa ¿De acuerdo?




            Kahena se limitó a asentir con la cabeza. Acto seguido, subió por la rampa para entrar en la nave; después utilice la fuerza de gravitación de los cuerpos de los bolivianos – si te lees por completo la teoría de la gravitación universal de Newton sabrás de lo que estoy hablando – para envolverlos en burbujas electromagnéticas, que hice levitar del suelo y luego las movilice con mis poderes hacia la rampa de la nave. A continuación, la rampa se deslizo hacia arriba, sin emitir ningún sonido y como si fuera un dibujo animado, las compuertas de la nave se cerraron con esa misma facilidad y después de eso la nave desapareció de mi vista, similar a cuando apagas un televisor antiguo y la imagen se encoge hasta quedar reducida a un punto luminoso que desaparece en el vacío. Es obvio que mi hermana estudió muy bien los manuales thulenianos de vuelo y sabía operar los controles sin ningún problema. Ahora me tocaba a mí el trabajo más difícil; debía hacerle frente a la flota thuleniana que se acercaba.




            Levite a velocidad luz, hasta quedar bien arriba de la cordillera de los Andes y los logré divisar: era una flota regular thuleniana, conformada por una gigantesca nave nodriza en forma de cigarro; dos cruceros, que semejaban a flautas modernas con alas bien aerodinámicas; cuatro hidronaves regulares – Eran el equivalente a los submarinos de las flotas del mundo entero, excepto que estas naves también podían volar – con forma de bolígrafo; seis destructores de forma triángular, como el que pilotaba Kahena; diez ovnis en forma de campana, que eran el equivalente thuleniano a las fragatas militares y una gran cantidad de platillos voladores, que rodeaban como mosquitos a toda la flota – Debo recalcar que la unidad regular de cazas de la armada thuleniana es el platillo volador -.



            Si mal no recuerdo, se trataba de la quinta flota thuleniana del Pacífico Noreste, comandada por el almirante Bonucci. Mis recuerdos sobre lo que conversaba en el interior de la nave nodriza con su tripulación no son del todo precisos, porque no pude captar muy bien las señales de telecomunicaciones, pero transcribiré lo que más o menos entendí de su alemán, que de las tres lenguas principales de Nueva Thule, es la más utilizada.




-¡Qué suerte la mía, hemos atrapado a la bestia con las manos, digo, patas en la masa, tras otra emboscada cobarde a nuestras fuerzas!! ¡Fuego concentrado ahora!


            Sé que si les esquivaba los disparos de fuego concentrado hacia mí, aquellos rayos irían dirigidos a cualquier dirección, causando daños colaterales; por eso decidí desaparecer a velocidad luz antes de que pudieran disparar.



-¿Dónde se habrá desaparecido esa bestia? Computadora, localiza el paradero de ese cuadrúpedo volador para que podamos…


            No lo deje dar instrucciones, pues me moví algo más rápido que la velocidad de la luz para embestir contra los campos de fuerza que rodeaban sus naves, con el fin de debilitar sus defensas poco a poco y así lograr hacerles gradualmente daño.



-Señor, la bestia está embistiendo violentamente los campos de fuerza de nuestras naves, es como si quisiera jugar al kamikaze pero a velocidad luz. Lo peor de todo es que se moviliza como una mosca entre nuestras naves, de modo que si disparamos con nuestros cañones u otras municiones para intentar desintegrarlo o derribarlo, también correríamos el riesgo de fallar y de provocarnos fuego cruzado entre nosotros, causándonos graves daños entre nuestras propias naves y quizá correríamos el riesgo de derribar alguna o varias.



-Gracias por la observación, vicealmiranta Pfizer, pero no permitiré que se siga con la suya. Computadora, comuníqueme con los y las pilotos del escuadrón de cazas.


-El canal está abierto, almirante Bonucci.


-Soldados y soldadas de nuestra gloriosa república, les habla su almirante Bonucci. Les que activen sus sensores de velocidad luz y den cacería a la bestia que está causando estragos en nuestras naves. Por favor procuren no fallar los disparos.




            Así fue como comenzó la frenética persecución de los platillos voladores hacia mí; me moví lo más rápido que pude, logrando que los cazas fallaran en sus disparos e impactaran en las grandes naves de su propia flota. De ese modo también evitaba que los rayos desintegradores se escaparan hacia la nada, con el subsecuente riesgo de que pudieran causar daños colaretales que no deseaba. También disparaba una que otra ráfaga de mis descargas electromagnéticas, asegurándome que dieran en el blanco, aunque debo admitir que falle por lo menos tres veces y sólo logre debilitar más los campos de fuerza de cada nave, que era mi verdadero objetivo; las fuerzas de Nueva Thule siempre son un hueso duro de roer y este almirante, al parecer, no era tan inepto como otros con los que me he enfrentado. Todo mi plan estaba saliendo a la perfección hasta que, salido de la nada, reaparecía Kahena pilotanto el mismo destructor del que nos habíamos apoderado unos minutos antes. Ella se comunicó conmigo vía señal cuántica, consciente de que la podía captar.



Traducido del mandungun


-Hola hermanito ¿Cómo te va en la batalla?


-¡¡Kahena!! Te dije que te pusieras a salvo junto con los campesinos bolivianos.


-Tranquilo, ellos están a salvo en un lugar bastante recóndito y cómodo, con clima agradable; cuando derrotemos a estos tipos te diré donde los deje. No quería dejarte sólo combatiendo contra estos thulenianos por eso regrese ¡Marichiwew!



            Ella disparaba a todas las naves de la flota thuleniana, cuyas tripulaciones aún estaban saliendo de la sorpresa de que uno de los suyos los estaba atacando. 


-Almirante, un destructor de los nuestros nos está atacando ¿Cómo es esto posible?


-¿Traición? Esperen un momento ¿No será el mismo destructor que nuestras sondas robóticas reportaron como la que fue emboscada por ese cuadrúpedo y la niñita que siempre lo monta? Esperen, ya sé, es ella misma; lo sorprendente es cómo esta mapuche primitiva hace buen uso de nuestra tecnología ¡¡Abran fuego!! Será una lástima destruir una de nuestras naves, pero si es el costo de la victoria, que así sea.


 Y las naves de la flota comenzaron a disparar al destructor que pilotaba mi hermana; ella logró esquivar los rayos desintegradores con gran maestría. Aunque estaba impresionado, había algo que me inquietaba y se lo hice saber, mientras disparaba bolas de energía electromagnética para interceptar esos mismos rayos.


-¡Kahena! Te felicito por tu pericia de pilota, pero si esos rayos desintegradores salen viajando hacia el vacío, en algún momento causaran daños colaterales a personas inocentes o dañaran propiedad ajena y es lo que siempre tratamos de evitar.


-Oh sí ¿Por qué no lo recordé? Eso me pasa por impetuosa, pero ya los interceptaste con tus poderes ¿No es así?


            Iba a hacerle saber que no estaba del todo satisfecho con su respuesta y le iba a decir por qué, pero no tuvimos tiempo para seguir hablando porque la acción seguía su curso. La nave nodriza y los dos cruceros que la escoltaban dispararon sus torpedos de fotón hacia la nave de Kahena, que voló como mosca en dirección hacia la misma flota, sin importarle el peligro que era exponerse estar en la línea de fuego de todas esas naves. Luego me di cuenta de lo que buscaba con su audaz maniobra: los torpedos de fotón seguían su nave, pero al volar en la misma dirección en que fueron disparados, los sensores de energía de esos torpedos escogerían como blancos a las naves de su propia flota, que eran muchas. Fue así como estallaron en pedazos decenas de platillos voladores, fragatas, destructores como el que Kahena pilotaba y se debilitaron los campos de fuerza de las naves más grandes. Lo que más lamente fueron las explosiones; todas contribuyen al calentamiento global y los restos de las naves destruidas caerían al suelo causando daños colaterales. Sin embargo, el fragor del combate no me permitía mucho margen de maniobra para hacer algo; sólo me quedaba rezar a Ngenchen para que esos restos cayeran al sobre los picos montañosos de los Andes sin causar daño alguno. Ahora, a continuar el relato.


            Los torpedos de fotón lograron debilitar considerablemente uno de los campos de fuerza de los cruceros, lo que aproveche para penetrarlo, perforar el casco de la nave y moverme a velocidad luz hacia el puente de mando, sin que su tripulación pudiera causarme daño alguno; los deje inconscientes con mis descargas electromagnéticas hacia sus cerebros. La computadora central de la nave emitía el siguiente mensaje en alemán.


-¡Alerta, intruso! ¡Alerta, intruso!


            Poco después, toda la tripulación inconsciente de la nave se desintegro en forma de partículas de luz hasta desaparecer por completo de mi vista; eso se da porque en casos de emergencia o peligro como este, la computadora teletransporta a l@s tripulantes de la nave a algún lugar seguro de la vasta república de Nueva Thule, que abarca todo el sistema solar. De hecho, todas las naves de Nueva Thule están programadas con este protocolo de rescate. Así fue como me quede solo, con mis cuatro patas sobre el puente de mando de ese crucero thuleniano. Luego, utilice mis poderes electromagnéticos para para hackear la computadora de la nave, logrando ponerla bajo mi total control. Ya le habían avisado al almirante Bonucci que yo me introduje en el crucero Otón I, pero era demasiado tarde; disparé rayos desintegradores a todas las naves y torpedos de fotón a las más grandes, incluyendo a la nave nodriza.


-¡Tomen esto, marichiwew!


            Y dentro de la nave nodriza.



-¡A todas las unidades, derriben el crucero Otón I y terminen de derribar ese destructor  Espectro Z425 que nos está causando estragos!



            Aquel código era el número de identificación del destructor que pilotaba mi hermana.Y es que Kahena se movía como mosca entre los espacios que había en medio de las grandes naves, perseguida por los platillos voladores, que también eran huesos duros de roer; apenas había desintegrado sólo cinco, pero aún no lograban desintegrarla a ella.


            Mientras tanto, yo seguía disparando rayos desintegradores y torpedos de fotón a las naves grandes, que a su vez estaban respondiéndome con sus propias municiones; sabía que era cuestión de tiempo para que debilitaran el campo de fuerza y me lograran derribar. Cuando los escudos marcaron menos del diez por ciento me di cuenta que ya era hora de abandonar la nave. Salí tan rápido como entre, a la velocidad luz por la misma abertura que abrí cuando perforé el casco. También era consciente de una cosa, si ese crucero caía derribado al suelo o a los picos de la cordillera de los Andes, podía causar daños colaterales como destruir propiedades, aplastar gente o causar avalanchas en esas montañas. Así que use mi poder de resonancia magnética, para comprobar si en el espacio de arriba en que tenía que enviar la nave hacia el sol para que calcinara había alguna aeronave, satélite o nave espacial que no estorbara la trayectoria de la chatarra gigante.


            Me di cuenta que había suficiente espacio abierto para realizar la acción pero, justo en ese momento, un grupo de cazas se estaba acercando, desde arriba y en picada, hacia mí. No quería destruir esos cazas para no matar a sus tripulantes ni que los restos también cayeran abajo a la cordillera tras explotar por el choque si les lanzaba el gigantesco crucero hacia ellos, pero no tenía tiempo para hacer otra cosa; la presión era enorme y pensé que un daño menor era menos malo que uno mayor, como dejar que el peso del crucero se fuera abajo con la gravedad, embistiendo lo que fuera. Así que, di un golpe de coz – El que doy con mis patas traseras - al casco del crucero, que de por sí estaba estallando por dentro debido a los daños que sufrió durante el combate y lo lancé hacia el sol, elevándose tan fácil como un globo de helio. Durante su ascensión, se estrelló con los numerosos platillos voladores cazas haciéndolos explotar; rece en mi corazón a Ngenchen para que tuviera piedad de l@s que murieron.


            La batalla aún continuaba y el almirante Bonucci trataba de mantener la serenidad mientras trataba de destruirnos, pero sabía que entre más se prolongara la batalla había más posibilidades que se sintiera presionado a pedir ayuda, lo que haría llegar en cuestión de segundos a otra flota thuleniana para ofrecerle refuerzos; debía terminar las acciones lo antes posible antes de que eso sucediera. Fue así como decidí usar mis poderes electromagnéticos para condensar el aire de alrededor y causar una tormenta, con relámpagos gigantescos que impactaran a las naves y así debilitar sus campos de fuerza, especialmente las grandes, pues no estallarían tan fácil como las pequeñas y, de ese modo, no me sentiría culpable de causar daños colaterales ni al planeta ni a nadie. También manipule las moléculas de agua a mi alrededor para que no pasara de ser una tormenta eléctrica sin viento ni lluvia, de lo contrario causaría avalanchas en la cordillera de los Andes.


-Señor, el caballo está causando una poderosa tormenta eléctrica, los relámpagos están golpeando el casco de fuerza de nuestras naves.


-Computadora ¿Cuál es el nivel de energía de nuestro campo de fuerza?


-Sesenta por ciento y bajando señor.


-¡Maldición! - Bonucci se mordió los labios – Parece que esa bestia con ego de electroimán se está saliendo con la suya.


            De pronto, en el centro del puente de mando aparece un holograma gigantesco de la cabeza humana de un joven soldado.


- Señor, aún no hemos podido derribar el destructor Espectro Z425, pero esperamos que sea pronto


            El almirante cruzo los brazos y dijo.


- ¿Cómo es posible que ustedes, graduados de la academia y siendo omega sapiens no puedan derrotar a una pequeña homo sapiens mapuche primitiva? ¡Derríbenla ahora y dejen de fallar tantos disparos, que están debilitando nuestros campos de fuerza!


-Eso intentamos, pero sus maniobras evasivas son muy buenas.


            Es increíble cómo menosprecian a mi hermana, pero no los puedo culpar, no saben que su coeficiente mental es de ciento cuarenta, apenas diez puntos menor que el mío y eso que nunca ha comido los alimentos de la escuela germano mapuche del doctor Mengele ni se ha atendido en su enfermería, pero no puedo decir lo mismo de mis otros hermanos y hermanas; me pregunto hasta qué punto los manipulo genéticamente ese loco. Dejémonos de pensamientos abstractos y regresemos a la acción.



            Mientras estaba ocupado manipulando la tormenta y luchando contra casi todas las naves de la flota, la sombra de un destructor modelo espectro paso arriba de mí; el aparato viajo a la velocidad de la luz hasta estrellarse contra el campo de fuerza de la nave nodriza, en donde estallo de forma bien colosal. Tras eso, divise un pequeño destello de luz que venía cayendo en picada hacia mí y en la medida que se acercaba divise quien era: se trataba Cóndor de Luz, mejor dicho, mi hermana Kahena, que tenía su capa extendida como si fueran alas. Dio un giro en el aire para de manera vertical, mantuvo su capa articulada extendida a modo de paracaídas y cayó justo sobre la silla de montar que tenía sobre mis lomos.


-Uyyyy, qué lomos tan fuertes tienes Ceferino, me da gusto montarlos.


-Querida hermanita, créeme que si no fueran tan fuertes no hubieran soportado el impacto de tu caída; también debes dar gracias a Ngenchen que tienes tu traje protector.


-Y tú siempre tan bueno para arruinar los momentos agradables, de todas formas, gracias por siempre estar atento.


            Sonaba algo indignada, era obvio que no le correspondí a su halago como ella esperaba. Traté de cambiar la conversación.


- ¿Te acaban de derribar?


-En realidad aún les faltaba bastante, sin embargo, mi campo de fuerza no le quedaba mucho aguante, así que decidí activar la velocidad luz de la nave para que se chocara contra la nave nodriza para hacerle el mayor daño posible; poco antes de eso aproveche para saltar al vacío hacia ti. Realizar ese salto con una nave a velocidad luz hubiera sido un suicidio. Por cierto, esos relámpagos que produces con tu tormenta hacen mucho ruido ¿Qué te crees, estrella de rock?


-Ni que fuera nuestro primo Rapiman el rockero y, por cierto, ya deberías estar acostumbrada a las cosas que hago.


-Definitivamente que también te hace falta sentido del humor, pero bueno, así eres tú.


-¿Quieres un final de esta batalla al estilo rock? Pues prepárate hermanita para el último acto ¡¡Marichiwew!!


            Me cargué de energía electromagnética y me lancé a velocidad luz contra el casco de la nave nodriza, atravesándola de abajo a arriba, formando un enorme agujero y causándoles daños a su sistema eléctrico. Después de eso, hablé en forma de altavoz y le di al almirante Bonucci la siguiente advertencia.



-Dígale esto a su líder Sigfried Mengele, si sigue abduciendo aborígenes, latinoamerican@s o cualquier ser viviente para realizar crueles experimentos científicos, se las seguirá viendo conmigo.


-Computadora, envíe ahora la señal de auxilio – dijo el almirante


            En cuestión de un parpadeo, otra numerosa flota thuleniana apareció en el firmamento. Casi al mismo tiempo, una voz femenina dijo lo siguiente.


-Almirante, se han escapado



             Bonucci se puso las dos manos sobre la coronilla.


-¡¡Cómo!!

            No supe qué fue de la suerte de ese almirante, pero seguramente termino siendo otro conejillo de indias de los experimentos del doctor Sigfried Mengele; es el precio que pagan quienes le fallan y no es algo que yo no me quiero imaginar. Pero lo más importante es que triunfamos ante una poderosa thuleniana y tras regresar a l@s campesin@s bolivian@s a su aldea, tuve la siguiente reflexión con mi hermana, mientras permanecíamos ocultos entre las montañas andinas del Perú. 


-Fue una aventura peligrosa, salimos airosos por poco, pero creo que esta vez sí le hicimos honor a nuestro grito de guerra nativo.


-¿Querrás decir marichiwew?  Por supuesto, no en vano significa “diez mil veces cargaremos contra ellos”.


-Sin embargo, hay que recordar que somos dos contra todos y todas ellos, encima son muy poderosos; es por eso que tenemos que ser más cautelosos con cada emboscada. Hoy nos sonrió la victoria, pero ninguna batalla es igual a la anterior, sin embargo, si de casualidad nos encontramos otra vez en una situación como esta, tú y yo debemos estar dispuestos a hacer marichiwew una y otra vez.



-¡Qué bien, porque yo quiero tener otra batalla como esta! ¡Fue muy emocionante!


            Hice un relincho, sacudí mi cuerpo, crin y cola incluidos y respondí.



-¡Otra batalla como esa y nos morimos! 


-Cielos Ceferino, se nota que eres menos mapuche que yo; tanto poder que tienes para que te asuste situaciones como esta.


-Soy un mapuche precavido Kahena, este combate no lo buscamos, pero si nos vemos envueltos en otra situación así, estaremos más preparados que ahora.


-Ahora sí suenas un poco más a un mapuche.


-Quizá sí tengamos más aventuras como esa, las fuerzas thulenianas se prepararán cada vez mejor para prevenir nuestras emboscadas, por lo que tendremos que entrenar más duro. Bueno Kahena, basta de charla, mi visión remota está captando crueles imágenes en vivo de esclavos y esclavas siendo maltratados en el medio oriente; iremos allá ¡Marichiwew!


-¡Marichiwew!