viernes, 31 de marzo de 2017

La orden de Mengele









Aquella mañana se estaba realizando una pasada de lista a l@s soldad@ thulenianos, llevada a cabo por un sargento robot. Luego de la inspección, el robot dijo, en resumidas cuentas, la siguiente orden de rutina.


Traducido del aleman



-Atención soldados y soldadas, antes de partir, es necesario recordar las instrucciones: deben hacerse pasar por dioses ante los homo sapiens, realizar curaciones médicas y hasta dar consejos si es necesario; son órdenes de su excelencia ¡¡Una orden es una orden!!




Sin embargo, un soldado preguntó lo siguiente.



-Sin ánimos de ofender jer oficial pero ¿Para qué se supone que su excelencia siempre está interesado en que nos hagamos pasar por dioses ante esos inferiores homo sapiens? Es que somos omega sapiens, somos superiores en todos los sentidos a esos primitivos; su excelencia nos modificó para que así fuera. No hay nada que nos puedan ofrecer ni que tengamos que ganar con ello; nuestros cuerpos son perfectos y aquí en la república tenemos tecnología hasta para cambiar el clima y sobrevivir el cambio climático que esos cavernícolas se encargaron de crear ¿Acaso no les estamos ofreciendo favores a quienes no lo merecen?



Entonces el robot, que a falta de rostro tenía una especie de pantalla semi grisácea que hacía de cara, emitió una luz rojiza intensa intermitente a través de esta y, con su tono de voz electrónica, dijo lo siguiente mientras levantaba su pistola desintegradora para apuntarle.



Es una orden y las órdenes de su excelencia no pueden ser cuestionadas ni desestimadas, cabo Wurth.
-Es usted un robot sargento ¿Acaso no se supone que no puede matar a un ser humano?



De pronto, unos juegos de luces láser se proyectaron de la frente vidriosa del robot, haciendo aparecer en el aire el robusto y bien parecido rostro del doctor Sigfried Mengele. A través del holograma, Mengele gesticulo en los labios lo siguiente.




-Es verdad Wurth, el robot no puede matarte, pero si yo se lo ordeno sí; has cometido una infracción muy grave. Debes recibir el castigo acorde con el código militar sobre actos de insubordinación ¿Qué tienes que decir al respecto?




-Su excelencia, me acojo al artículo cuatro de la ley de libertad de expresión, tod@s en Nueva Thule tenemos derecho a discrepar cuando no se está de acuerdo, incluso si se trata de usted, su excelencia.
Por un momento, los intensos ojos azules de Mengele se clavaron fijamente sobre aquel persistente soldado, mientras sus otros compañer@s lo miraban con una mezcla de admiración y miedo. Finalmente, el doctor Mengele respondió. 




-Está bien, ciudadano Wurth; ha hecho uso de los derechos que le concede la constitución. Tendremos una breve charla en mi despacho privado.




El robot le disparo un rayo teletransportador al soldado, que hizo que su cuerpo se desmaterializara en partículas de luz hasta reducirse en la nada.




Wurth reintegro su cuerpo en la cámara de teletransportación de la sala de telecomunicaciones de Mengele, donde este lo esperaba cómodo en su silla de mando.



-Sea bienvenido soldado Wurth, tome asiento.




Justo detrás de Wurth, un extraño sillón de superficie concava y base cónica se teletransporto detrás de él. Luego, una de las valquirias - cuerpo femenino de soldadas élite que son las guardaespaldas de Mengele, entre otras cosas -, les trajo dos tazas de té Earl Gray sobre unos platos, el sabor favorito de Mengele. Pocos segundos después, apareció tele transportado un pequeño taburete de madera estilo antiguo en medio de los dos, en donde podían colocar las tazas.
 


-Entiendo que usted, como ciudadano tiene inquietudes sobre el por qué nos hacemos pasar por dioses ante esos primitivos homos sapiens ¿Cierto?



-Es verdad, su excelencia.



Antes de que pudiera continuar, Mengele se le adelanto en tono amable.


-Sin embargo, es la primera vez en cuarenta años que alguien del ejército quiere contravenir una orden de esa magnitud; esas misiones especiales son uno de los pilares inamovibles de nuestra institución.


-En verdad no quiero contradecirlo su excelencia, pero necesito tener bien claro el por qué estamos haciendo eso; no le hayo ningún sentido.



Mengele lo miro fijamente a sus ojos, como si estuviera a punto de disparar un rayo desintegrador con la mirada. Luego le respondió de manera fría.


-Eso es un secreto de estado.



-Puedo entender que son necesarios los secretos de estado, pero como soldado participe de estas misiones quiero saber por qué estoy arriesgando mi vida en esto, si es esto útil para nosotros y nuestra república, a sabiendas también que estamos expuestos a ser atacados por ese caballo sólo por realizar…


-¿Una tontería?



El soldado trago saliva, casi tira la taza al suelo, pero procuro mantener la serenidad. Dejo la taza y el platito sobre el taburete.



-No su excelencia, no es lo que quise decir, pero me parece que hay cosas más importantes que brindar ayuda y asistencia a esos seres inferiores.


-Cabo Wurth, debe quedarle claro dos cosas: como ciudadano de Nueva Thule usted tiene derecho a hacer uso de la ley si tiene que defender sus derechos, pero como soldado usted está básicamente obligado a obedecer órdenes y, en este caso particular, estas asistencias a esos seres inferiores han sido una de mis iniciativas primordiales.



-Nunca fue mi intención incomodarlo, su excelencia, tan sólo buscaba una explicación para darle sentido a estas misiones; opinar y cuestionar son derechos establecidos por la constitución.



-La constitución y el manual de guerra los escribí yo, aprobados por el parlamento y luego en referéndum; son dos de los grandes pilares que mantienen el buen funcionamiento de la república. Todo eso que redacte y escribí son producto de mis juicios éticos y todos estuvieron de acuerdo; lo que más me preocupa ahora es que dudes de mis facultades, aunque haga o decida cosas que están fuera de esos textos sagrados.



-Su excelencia, jamás puse en duda su capacidad. Sus buenos juicios han mantenido en perfecta armonía el funcionamiento de nuestro país. Procurare de ahora en adelante hacer uso de mi libertad de expresión de forma más sabia.


-Una libertad de expresión que, en realidad, es inexistente; todas las casas editoriales, canales de televisión y cadenas noticiosas son propiedad privada. Son sus dueños lo que deciden cual es la línea editorial. La única razón que les concedo ese aparente derecho es para dar un desahogo en medio de tanto orden; si bien a ningún ciudadano y ciudadana de Nueva Thule les hace falta lo básico y la pobreza es inexistente, la gente suele tener necesidades existenciales tan complejas, que necesitan expresarlo. Sin embargo, no pueden responsabilizar al gobierno de sus problemas, todo el mundo sabe que lo veo todo y lo sé todo, hasta lo que hacen los grandes magnates en sus retretes; son incapaces de criticarme porque, en el fondo, yo sé y ellos saben que ninguno de nosotros es perfecto. Es así como aquí se ha mantenido el orden, la paz y la armonía aquí. Como, por ejemplo, me entere de tu reciente divorcio; cuánto lo siento.




Al escuchar esto, los ojos de Wurth estuvieron a punto de salir de sus órbitas y decir un improperio, pero se contuvo a tiempo; no quería empeorar su precaria situación con el líder. Mengele noto eso de inmediato y dijo de forma conciliadora.




-No te preocupes por ello, nuestro sistema judicial te hará justicia a ti y a tu hijo e hijas; sé que en realidad no fue exactamente tu culpa, yo estaré al tanto de todo.


-Estoy agradecido por eso.



-Pero hay verdades o mentiras que son tan peligrosas, que pueden desestabilizar sociedades; el imbécil de Adolfo Hitler y su brillante ministro de prensa Joseph Goebbels lo demostraron fehacientemente, engañando al pueblo alemán haciéndoles creer que eran invencibles. Es en esos casos, en donde suelo usar mi criterio para impedir que ese tipo de informaciones se divulguen. Por ejemplo, no siempre permito que se publiquen noticias sobre los ataques de cierta bestia con super poderes que causa uno que otro estrago entre nuestras fuerzas; mal divulgado, haría que la gente aquí le tenga miedo.



-Esa bestia estuvo a punto de matarme, pero, en lugar de eso, nos envio a una ciénaga a mi y a mis compañeros y compañeras tras el ataque a nuestro convoy patrulla; fuimos rápidamente tele transportados a nuestra base tras ser localizados.




-¿Lo vez? Es ese tipo de situaciones que te hacen dudar, hasta a ti mismo, de la peligrosidad de ese fenómeno; si se publican todas las veces que la bestia ataca a nuestras fuerzas y luego de sus espectaculares escapes antes de que vengan los refuerzos, la gente comenzara a dudar de nuestra capacidad de respuesta. Si se redactan notas sobre su extrema compasión al no matar a nadie, cualquier ciudadano o ciudadana de a pie es hasta capaz de creer que el enemigo público número uno de Nueva Thule no puede ser tan malo. Sin embargo, yo lo conozco muy bien y el bienestar de nuestra república no es lo que busca; es allí donde algo de censura es justa.




-Soy consciente de ello.


Mengele notó su tono de duda mal simulada duda y respondió lo siguiente de forma algo delirante.



-Yo diseñe la mayoría de los microprocesadores que hacen funcionar nuestros artefactos tecnológicos; logré derrotar a los anunaki y, desde entonces, somos los dueños absolutos del sistema solar y más allá; estoy dirigiendo la colonización de Alfa Centauri, el planeta más cercano fuera del sistema solar y hasta cree en laboratorios las modificaciones genéticas, basadas en el genoma humano, que nos ha permitido tener estos cuerpos perfectos, con un alto poder de auto sanación y a punto estamos de lograr la inmortalidad ¿Aun así dudas incluso de mis deducciones?




-Lo entiendo su excelencia, usted y su padre, Joseph Mengele, son los fundadores de nuestra república; lo que usted decida siempre es en aras del mayor beneficio para el país.




Apenas menciono el nombre de su padre, Mengele pareció fruncir un poco el entrecejo en su inexpresivo rostro, luego rápidamente recobro la serenidad. El soldado noto ese rasgo por un instante; sabía que la relación entre Sigfried y su padre rayaba entre la veneración y el odio; craso error haberlo mencionado, al menos en ese instante.



-Usted lo tiene bien claro cabo Matheus Wurth, pero ha puesto en duda mis intenciones y mi liderazgo ¡¡Valquirias!!



Dos mujeres altas y bellísimas, una asiática y una rubia aria se pusieron a ambos lados de Wurth, agarrándolo fuertemente por los dos brazos y levantándolo con suma facilidad de la silla. Aunque Wurth, como todo buen thuleniano, ni era un enano ni mucho menos un flacuchento sin músculo, comparado con esas atléticas mujeres poco le faltaba para parecer un hombre ordinario.



-Llévenlo a mis laboratorios, él será el primer voluntario para mi experimento que busca descubrir cuánto tiempo puede sobrevivir un fornido humano thuleniano tras ser transplantado de un corazón normal al de una rata.




Mientras Wurth pataleaba y forcejeaba inútilmente sin parar para no ser arrastrado a los laboratorios, gritó con una expresión de pánico.




-¡¡No puede hacerme esto su excelencia!! ¡¡Tan sólo fue una pregunta!!¡¡Si no quería responderme, por qué no mando al robot que me desintegrara en el acto!!




-Jujujajajaja ¿Y qué pensarían de mí sus demás compañeros y compañeras? ¿Que yo fusilo ciudadanos de Nueva Thule cada vez que reclaman sus derechos? Esto es una república o, al menos, debe parecerlo; mantener las apariencias brinda una sensación de tranquilidad, aunque sea sólo nominal. Si los ciudadanos de Nueva Thule tuvieran la opinión de que viven en una pseudo dictadura ¿Podrían dormir por las noches con el miedo a sufrir lo mismo que a usted? Por cierto, sigue gritando así y te operare sin anestesia.



Mientras el soldado, entre improperios e insultos, era llevado a la cámara de tele transportación para ser llevado a su destino final, el doctor Mengele se paró en el centro de su puente de mando y le dio la siguiente orden a las valquirias sentadas frente a sus respectivas consolas de control de la sala de telecomunicaciones.





-Atención valquirias, quiero que proyecten un holograma mío por medio del sargento robot para darle a las tropas el siguiente mensaje: soldados y soldadas de la gloriosa república de Nueva Thule, debido a su persistente curiosidad, el cabo Wurth se le ha encomendado una misión confidencial permanente, en la que, finalmente, terminara comprendiendo la necesidad primordial de brindar asistencia técnica a los supersticiosos y primitivos homo sapiens ¡¡Ahora, a cumplir la misión encomendada, por el bien de la república!!



Tras decir esto, el propio Mengele se dirigio a la cámara de teletransportación, que lo envió directamene a sus aposentos privados. Allí, sin que nadie lo viera, levantó su dedo índice con su anillo de oro macizo puesto, que proyecto desde su superficie la imagen holográfica de Relámpago el caballo volando majestuosamente con su capa blanca, extendida como unas alas delta. La contempló algo extasiado.




-Oh hijo mío, y pensar que hasta tú mismo eres fruto de mis experimentos; eres mi más grande creación y de eso no me arrepiento.







miércoles, 22 de marzo de 2017

Lufke Kawellu 5 (Relámpago el caballo,5ta parte)



El doctor Mengele estaba dentro de su fragata ovni Ragnaroc, causando una tormenta artificial con actividad eléctrica. Mantenía contacto con la computadora central de Nueva Thule, desde adentro.
-Señor, sus coordenadas son correctas, este es el lugar.

- Gracias por la confirmación, es hora de poner en acción la trampa.

Casi al mismo tiempo, decenas de kilómetros a la distancia, Ceferino y su hermana Kahena estaban pastoreando ganado,  montados en sus caballos.

Se acerca una tormenta hermanito, debemos sacar al ganado de aquí.
- Tu toma el flanco izquierdo, yo el derecho.

Desde su pantalla holográfica, Mengele los seguía viendo con suma atención

-No se alejaran, si yo lo puedo evitar.

Sin más ámbito para vacilaciones, Mengele oprime dos veces un mismo botón, que causa que de la nave se emita un sonido que sólo las reses pueden oír; ellas se mueven en dos direcciones diferentes, contrariando a Ceferino y Kahena.

-Esto nos va a causar un verdadero problema; vos ven conmigo a sortear las reses de mi lado, el otro grupo se está acercando más a la tormenta.  No creo que valga la pena ir por ellos.

-Debo intentarlo,  el comercio no ha sido bueno este año; si perdemos ese hato, nos causará mayores pérdidas, entended.

-Ceferino, por favor, no seas necio.

Al escucharla a ella, titubeo por un momento, pero luego respondió

-Kahena, te prometo que volveré y si no vuelvo con el ganado, volveré de todas formas. Nos veremos en casa en dos horas; Centella es el caballo más rápido de la tribu.

Kahena asintió resignada en confiar en la palabra de su hermano. Ambos se encargaron de sus respectivos hatos, siendo ligeramente más fácil la tarea para Kahena, cuyos hatos no estaban tan cerca de la tormenta.

-Jujujajajaja funcionó ahora te estás acercando más adonde yo quiero; computadora, prepara el cuerpo, en cuestión de minutos estaremos listos para la transmutación. Pronto, el alma del muchacho estará dentro del cuerpo de mi super guerrero omega sapiens plus.   
 
Más al fondo de la nave, la figura de un hombre de alta estatura, bien musculoso y piel celeste recostado en una especie de lecho,  que semejaba más una máquina que una cama en medio de un laboratorio que está dentro de la misma nave, teniendo detrás de él algo parecido a un aparato de Van Graff. Y es que Mengele había creado para la ocasión un cuerpo sin conciencia, en donde pretendía transmutar el alma de Ceferino de su cuerpo mapuche.

Al mismo tiempo, a cientos de metros afuera de la nave, Ceferino estaba tratando desesperadamente de alcanzar a su hato de ganado, pero, al hacerlo, se dio cuenta de algo muy extraño en el cielo: en medio de las nubes negras de tormenta, diviso un extraño objeto metálico que parecía algún tipo de nave espacial, lo que lo dejó sorprendido.

-¡¡¡¡Hazlo ahora!!!!  

-Emitiendo rayo paralizante.

De la superficie de la proa de la nave emergió algo parecido a una luz de reflector, que dejó en estado de petrificación a Ceferino y su caballo Centella, paralizando sus cuerpos a la vez que los hacía levitar a varios centímetros del suelo.

-El muchacho está pegado a su caballo y nosotros queremos sólo transmutarlo a él ¿Desea que reduzcamos el alcance de la luz paralizante para que sólo abarque el cuerpo del muchacho y el animal caiga al suelo?

-No, eso sería un gran riesgo, porque los pies del chico están muy sujetos al estribo y sus manos demasiado aferradas a la brida; eso haría que el peso el animal llevara a ambos al suelo o que descuartice su cuerpo con la caída y yo lo quiero intacto.

-¿Por qué no lo abduce con todo y caballo? Así podrá llevarlo a Friendship y experimentar con el cuerpo del chico, separado de él.

-Este es el proyecto ultra-secreto mejor guardado de Nueva Thule; es tan importante que está bajo mi supervisión y atención personal. No puedo permitir que mentes inferiores me asistan en esto. Da inició a la transmutación de la manera más quirúrgica posible.

- Activando cargas electromagnéticas.

De la superficie de la nave emanaron rayos eléctricos, similares a relámpagos, que luego se dispararon con precisión al cuerpo de Ceferino sin matarlo, manteniendo una descarga continuada. Al mismo tiempo, dentro del laboratorio de la nave, emanaron rayos de la máquina de Van Graf al cuerpo del super guerrero.
 
Los ojos del cuerpo inerte se empezaron a abrir; el experimento parecía dar resultado. Desde su nuevo cuerpo, Ceferino vio al doctor Mengele.

-¿Sigfried qué haces aquí, es esto un sueño?

Mengele contrae los antebrazos hacia arriba con sus puños cerrados y con una expresión delirante, le dice al joven a la cara.

-¡¡Está vivo, vivo!!

-¿Doctor qué sucede?


-Señor, malas noticias, nuestros  sensores detectan una tormenta solar repentina.

¡¡Maldición, eso está a causar interferencia en el sistema!!!!¿Cómo fue que no preví que ese riesgo podría ocurrir? Aborta.

Una serie de extraños sonidos electrónicos y luces intermitentes provenientes de las luces oled, que cubrían todo el panel de control, se hicieron notar.

-Imposible ejecutar el comando, el proceso está muy avanzado; si llegara a anular la transmutación, el ser quedaría incompleto y no hay forma de revertir los efectos en un ser vivo.

-Si no logro anular el proceso la transmutación, debilitara los sistemas de navegación de la nave, dejándola expuesta a una pulsión electromagnética de la tormenta solar y si eso pasa los sistemas de la nave colapsaran. Por tanto, activa los sistemas de emergencia.

-Activada.

Mientras esto ocurría dentro de la nave, los rayos electromagnéticos se extendieron del cuerpo de Ceferino al del caballo y poco después, se oyó un ruido espectacular casi a niveles supersónicos y también un gran resplandor blanco de luz.

-Nivel de energía al cincuenta y cinco por ciento.

- ¿Qué está pasando?

Las descargas electromagnéticas de la máquina de Van Graff cayeron de forma masiva y cada vez más intensa al cuerpo artificial causándole mucho dolor a Ceferino, cuya conciencia estaba ya se alojaba allí. Repentinamente, los sistemas de la nave enloquecieron; todas las luces del tablero de control comenzaron a apagarse o prenderse de manera continua una tras otra, como las de un árbol de navidad; las chispas producidas por cortocircuitos en el interior de la fragata se sucedían sin cesar ante la mirada desesperada de un Mengele que trataba de mantener el control de situación. Afuera, desde la proa de la nave, los rayos electromagnéticos se incrementaban en número e intensidad, causando gran dolor al cuerpo del niño y del caballo, hasta que, se desató una estruendosa explosión de enceguece dora luz blanca, seguida de una gran oscuridad.

 Al quedar inconsciente, Ceferino tuvo un extraño sueño: estaba él parado en el lugar más inhóspito de la Patagonia, en medio de tierra seca, muchos arbustos y amenazadoras nubes de tormenta sobre él, rasgadas por intermitentes luces de relámpago que se sucedían una tras otra seguidas segundos después por ensordecedores truenos. Del cielo cayeron varios relámpagos a metros de él, uno después del otro: el primer relámpago que cayo se transformo en Pegaso, el siguiente el de un unicornio de luz blanca y los otros dos en  los caballos de fuego similares a aquellos que según la biblia, llevaron al profeta Elías a los Cielos. Lo rodearon para quedar cabalgando alrededor de él, hasta que llego un momento en que todos ellos embistieron contra él causando que de su boca emitiera un grito de terror. Poco después, Ceferino, con los ojos aún cerrados, se pone a pensar en voz alta
-¡¡Por Ngenchen!! , que pesadilla más horrible, esto me pasa por leer esa obra de ciencia ficción que nos exigieron en la clase de español. Tambien siento un terrible dolor, como si me hubieran arrancado el alma del cuerpo.

Lentamente abre los ojos, para darse cuenta de que estaba siendo alumbrado por un  reflector cegador. Fuera de esa luz todo lo que veía eran luces y sombras.

-¿Dónde estoy?, ¿qué es esto?, ¿quiénes son ustedes?

-Alguien dijo en alemán

-¡¡¡Ese caballo habla!!! 

Al escucharlo, Ceferino bajó la cabeza y se dio cuenta que no estaba parado, sino en cuatro patas, que tenía cascos en lugar de manos y pies e incluso sintió que relinchaba.

-¿Pe, pero qué me han hecho?

-¿Cómo es que nos entiendes?

-Cho entiendo perfectamente inglés, alemán, español  y mapuche: los primeros los aprendí en la escuela y el resto me lo enseño mi familia.

 El joven se encontraba en un área bastante oscura, únicamente iluminado por una especie de reflector de donde emanaba una intensa luz blanca. Ceferino aunque incómodo logra divisar lo que parecían ser unas sombras humanas de gran tamaño y mientras una se acercaba, el chico pudo notar  que vestía un  traje en una sola pieza que le no sabía si era de buzo, incluso tenía suela para pies impregnada a ella; nunca vio en su vida algo semejante. Sin embargo no era más que el doctor Mengele, que no lo deja de mirar con delirio y una fijación aterradora. Al reconocerlo se anima y habla y se refiere a él diciendo.

-¿Doctor Júpiter Stein?, que agradable sorpresa, casualmente tuve una pesadilla con usted: lo imaginaba como una especie de doctor Frankestein.

Mengele no le daba la menor importancia a lo que decía. Un frío silencio emanaba de su boca
-Júpiter, ¿no me reconoces? soy cho Ceferino, tu alumno. ¿Qué sucede? ¿Por qué me mira de esa forma? ¿Hay algo mal conmigo? ¡¡¡Dime algo, no te quedes cachado!!

Al ver la forma en que lo miraba Mengele, Ceferino sentía cómo  un hormigueo recorría todo su cuerpo y que de alguna forma, algo había cambiado. 

-Hummmm, interesante, jamás creí que fuera posible.

En ese instante Ceferino no podía comprender claramente las proporciones de lo que le había ocurrido. Sin embargo, tampoco era posible negar lo que sus sentidos le dictaban: se dio cuenta que su sombra no era la de niño, sino la de un ser muy diferente. En segundos, un sin número de imágenes pasaron por su mente; toda su vida había cambiado para siempre y ese torbellino de recuerdos y sentimientos confusos debían tener una razón de ser. Y tenía que  aceptar su nueva realidad, pues de otra manera se volvería loco: se sentía inmenso, no tenía la misma movilidad de antes y vio que en lugar de manos tenía cascos de caballo; lo único seguro es que ya no era humano. Con la ayuda del reflector contemplo su propia sombra: era una bestia.

-Por favor, dígales a echos, quien quiera que sean, que me hagan humano otra vez, que me permitan seguir con mi vida e ir a su escuela. Eso todo lo que quiero y me haría feliz.

-Dices ser Ceferino mi alumno, de hecho hablas como él, te comportas como él, sin embargo no pareces humano. Ceferino o quien quiera que estés adentro de ese cuerpo, parece que no acabas de entender la magnitud de lo que ha pasado; ni siquiera yo con todos mis años de medicina he visto algo como esto, ya que está más allá de mi comprensión.

-¿Escuche mal o tú me estás llamando esto?

 Una voz jocosa de entre el público, que evidentemente era de Hagen, hizo el siguiente comentario

-Ja, ja, ja, ja, debo estar soñando o tal vez estoy viendo una película de Narnia en donde tú eres el caballo parlante ¿Verdad amigos? 

Todo aquel salón quedo retumbando en risas de carcajada

-Entonces, no fue una pesadilla, todo fue real.

-En realidad, tú me hiciste vivir una pesadilla: todo salió tan mal, que hasta creí que iba a morir con mi nave.

 El ahora caballo miraba con furia e impotencia como sus captores se reían de él y cómo el hombre al que tanto admiraba, se convertía en su mayor detractor. No pudo evitar que sus ojos se humedecieran con sus lágrimas.


Continuará...